ALDEA DE TULOR
ALDEA DE TULOR
La historia de San Pedro de Atacama es singular. Hace doce mil años, estas tierras estaban habitadas por pueblos indígenas que, gracias al desarrollo de la agricultura, pasaron de ser comunidades nómadas a sedentaristas, además de los atacamas, quienes defendieron su territorio hasta la llegada de los incas. El pueblo, que alguna vez fue un lugar de paso, es hoy un importante centro turístico del norte de Chile.
Conocer el estilo de vida de los antiguos habitantes de Atacama; recorrer las calles de este pueblo e imaginarlos habitando sus hogares —que se elevaban sobre la tierra que adoran—; ver los muros que los protegían del frío, entre otras experiencias, te acercan a los pobladores que hace siglos dieron los mismos pasos que tú darás hoy a través del desierto.
Tulor Village, Pukará de Quitor y San Pedro son solo algunos de los sitios que trazan la historia del valle de Atacama. Además, son una forma de conocer el legado que los Likan Antai dejaron en el mismo lugar que, con todo respeto, visitarán ahora.
Altitud
4.300 m s.n.m.
Dificultad
Baja
Edad Mínima
8 años
Duración
7 horas aprox.
Salida: Temprano por la mañana para apreciar la máxima actividad geotérmica.
Laguna Cejar
Laguna La Piedra
Ojos del Salar
Santuario de la Naturaleza Laguna de Tebenquiche
Transporte Compartido con aire acondicionado
Guía bilingüe (Español, Inglés)
Tickets
Snacks
Cortaviento
Protector solar
Gafas de sol Vestimenta cómoda / traje de baño
Toalla
Agua personal (2L)
Gorro
Saldremos del hotel en dirección hacia el Salar de Atacama, en su interior encontraremos la Laguna Cejar, el color turquesa de sus aguas, el paisaje inmenso del Salar y la cordillera de los Andes son el escenario perfecto para una tarde para tomar un baño en el lugar lo que es sin duda la atracción principal por el efecto de flotación debido a la sal.
Continuaremos hacia el sur, para visitar los Ojos del Salar, dos lagunas de agua con menos salinidad, ambas constituyen un atractivo en si por su formación geológica. Finalmente viajaremos a la laguna Tebenquiche para encantarnos con el atardecer y el colorido reflejo de la cordillera en sus aguas.
